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La cueva de El Linar, en el pueblo de La Busta, protagonista del hallazgo arqueológico más importante de los últimos años en Cantabria

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Contado en primera persona por una de sus protagonistas.

Amparo Herrera Guardado, profesora titular en la Universidad de Cantabria y experta en diseño de circuitos integrados para sistemas de comunicaciones de alta frecuencia, combina su destacada trayectoria investigadora con una gran pasión por la espeleología. En su tiempo libre, forma parte del Espeleoclub Ábrigu, con el que explora las entrañas de las montañas cántabras.

En este relato, Amparo nos comparte cómo, junto a su equipo, vivió el hallazgo de lo que ya se considera uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes en Cantabria en las últimas décadas.

Relato de Amparo Herrera

Como muchos fines de semana y festivos, desde que en 2020 nos adjudicaron como zona de exploración la cueva de El Linar, cuya entrada principal está en el pueblo de La Busta (Alfoz de Lloredo), el día 25 de julio de 2023 decidimos ir a explorar una nueva galería a la que se accedía gracias a la desobstrucción realizada días antes en una pequeña ventana por la que salía una fuerte corriente de aire.

El acceso a esa galería es cuesta arriba, a través de una gatera estrecha en la que se requiere buscar bien la posición para poder pasar con éxito. Bastante incómoda, por cierto.

Ese día éramos cuatro los integrantes del Espeleoclub Ábrigu que fuimos de exploración: Ciano, Joserra, Raquel y yo. Como en otras ocasiones, habíamos quedado a las 8:00 en el parking de la ermita para aprovechar el día, según dicen las malas lenguas.

Una vez en la cueva, y tras superar el paso estrecho que da acceso a las nuevas galerías —no sin dificultad—, al hacer un barrido con nuestras linternas frontales nos dimos cuenta de que, en la primera sala, había muchos restos de huesos (en principio, parecía que eran de animales) repartidos por toda la estancia. Esto podía ser normal, ya que el acceso era tan estrecho que solo pequeños animales podrían haber entrado.

Decidimos, como en otras exploraciones, recorrer primero las galerías principales, intentando pisar lo menos posible. Mientras avanzábamos, seguíamos viendo huesos y huellas de pequeños animales. A partir de una galería concrecionada y con el techo bajo, comenzamos a ver huesos de mayor tamaño, incluso colmillos y cráneos aparentemente de animales grandes.

En una zona que podría describirse como un “desagüe”, encontramos unos huesos de gran tamaño muy concrecionados. Entre ellos, había un cráneo que, por la mandíbula, podría pertenecer a un homínido. En ese momento empezamos a sospechar de la importancia que podría tener el hallazgo.

Decidimos dividirnos para continuar la exploración. Raquel y yo seguimos mirando las pequeñas galerías laterales, y los otros dos compañeros permanecieron en la zona de los huesos. En esas galerías pequeñas, íbamos observando el suelo con detalle, esperando encontrar más restos, cuando al mirar hacia arriba para no golpearnos la cabeza, Raquel dijo: “Eso rojo parecen pinturas”. Llamamos al resto del equipo para que vieran el descubrimiento y para confirmar si estaban de acuerdo con nosotras. A veces, los colores de las rocas se confunden con pinturas y no son más que restos minerales —esto dicho desde el más puro desconocimiento del tema—.

Cuando llegaron Joserra y Ciano, y tras observar con más detenimiento el techo, los cuatro vimos más trazos, incluidos algunos punteados de barro que estaban más escondidos. Al mirar hacia el suelo también pudimos observar trozos negros que podrían ser carbón. Joserra comentó: “Pueden ser restos de antorchas”.

En el grupo ya se respiraba una tensión importante. Decidimos salir al exterior para dar aviso de lo encontrado, y llamamos a Manolo Morales. También cogimos un teléfono móvil para poder hacer unas fotos y mostrárselas después.

Con el hallazgo ya en mente y con la posibilidad de hacer fotos, documentamos lo mejor que pudimos lo encontrado y seguimos recorriendo las galerías restantes. Encontramos más restos óseos y vimos una gran montaña de barro que bien podía ser producto de materiales arrastrados desde una entrada superior. En ese cono de barro, de varios metros de altura, vimos lo que parecía un trozo de plástico, de un tono chillón azul. Yo, obsesionada con los restos encontrados, dije que podía ser algo importante. No lo veíamos bien (en mi caso, la presbicia ya me impide ver de cerca), así que decidí hacerle una foto y, al hacer zoom sobre la imagen, pudimos observar un botón y unas muescas que no parecían de un simple trozo de basura.

En ese estado de cosas, y pensando que a Manolo ya le habría dado tiempo a llegar, salimos de la cueva y fuimos en su busca, con la emoción a flor de piel.

Con las fotos y nuestras explicaciones, Manolo adelantó que se trataba de elementos muy distintos entre sí, y que habría que estudiarlos para poder asegurar su autenticidad y antigüedad.

Fue el inicio de un periplo de permisos, estudios científicos, análisis, dataciones, comparaciones y consultas a expertos de diferentes ámbitos de la arqueología, que nos han llevado a resultados muy esperanzadores.

Nosotros, como espeleólogos, realizamos la topografía de todas las salas, ayudamos en la geolocalización de los hallazgos y en cuantas tareas fuera necesaria nuestra experiencia.

Hoy en día seguimos con nuestro trabajo de exploración en el resto de la cueva, fines de semana, festivos… Hemos llegado a más de 52 km explorados. Seguimos con un montón de incógnitas por resolver, a las que dedicamos esta pasión por enfrentarse a lo desconocido. La espeleología fue y sigue siendo uno de esos deportes en los que la aventura y el descubrimiento están asegurados desde que entras por la boca de una cueva.

Un hallazgo histórico en el corazón de Alfoz de Lloredo

Los restos descubiertos en la Cueva de El Linar, situada en el pueblo de La Busta, abarcan desde pinturas rupestres posiblemente paleolíticas hasta restos óseos humanos del Bajo Imperio romano (siglos III-IV) y una excepcional vaina de puñal de bronce datada en el siglo II a. C., única en la actual Cantabria.

Estos hallazgos fueron presentados públicamente en el municipio de Alfoz de Lloredo por el profesor emérito Manuel González Morales, quien destacó la relevancia histórica de las investigaciones llevadas a cabo en las cuevas de la zona desde principios del siglo XX. La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte ha confirmado la autenticidad y valor arqueológico de los restos y continúa el estudio en profundidad junto a investigadores externos.

Gracias, Amparo

En Alojamientos Trisileja hemos tenido la suerte de conocer personalmente al equipo de exploradores responsables del hallazgo en la charla que tuvo lugar en Alfoz de Lloredo para presentar el descubrimiento, y en especial, a Amparo Herrera, quien ha tenido la generosidad de compartir su vivencia en este artículo.

Nos hace especial ilusión publicarlo en nuestro blog, ya que una de nuestras posadas, Posada La Busta, se encuentra en el mismo pueblo donde tuvo lugar este apasionante descubrimiento.

¡Gracias de corazón, Amparo, por dejarnos ser testigos de esta historia!

 

 

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